martes, 25 de octubre de 2011

Cadáver N°2: El exquisito y extraño caso de este cadáver.


Sus pulsaciones al máximo fueron el metrónomo de sus emociones. Todo había pasado tan rápido, tan súbitamente, que no dejó espacio para nada más que la contemplación. Su cuerpo rígido, como la piedra que formaba aquel nicho con forma de cama, le impidió su último y casi póstumo grito, para esperar el eco de su miedo, rebotando y confirmando que aún seguía vivo. El dolor palpable de existir y el rugido del miedo acechando se conjuraron para formar un cuerpo de mujer… su cuerpo.

Su vagina se transformó en la maquina folladora, el “orgasmatrón”, que mataba a los hombres antes de que su eyaculación les diera felicidad. Por ello el maleficio sexual, coital, se tornó en el crimen perfecto.


Como historia “noir”, el detective quiso buscar a la culpable. Pero su búsqueda no podía dejar lugar a la duda, debía ser eficiente, implacable e indiferente. Ese sería su precio a pagar, despojarse de su humanidad con un único fin: lograr su escencia, pues ningún asunto, cosa, ni “sacro santum” especulativo podría privarle de ella. ¡Sí! debía matar, había decidido disfrutarlo, sin más, como el animal que era. Matar entonces no estaba tan mal y el sonido de la voz de Sheryl Crow le confirmó que “if it makes you happy, it can be that bad”.

Por ello era mejor callar, evitar la confrontación con aquel manejo de ideas perversas donde la mirada se perdía, donde la caricia podía ser el detonante de su piel lasciva y sus labios carnosos.

La sangre rodó por su cuerpo virgen, falto de tanto, que parecía increíble que hubiese podido llegar a donde él la encontró…

Pensó en sentirse mal, pero la lógica lo protegió de semejante acto temeroso, de ver sus convicciones caídas como cada uno de sus anteriores sueños, ¿qué si fue por amor?, esa era una pregunta postergable y él tenía ahora todo el tiempo del mundo para pensar o recordar. Él decidió no hacer ninguna de esas cosas y escogió tan sólo ser.

Cuando cerró los ojos, ella terminó su trabajo y todo quedó en silencio.

Composición imperfecta por Ramírez y Montenegro.

1 comentarios:

Un toque de locura hace interesante al ser. Y no me refiero tanto a la composición, mas bien al compositor. Es inexorable admirarle.
Lisbeth.-

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